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martes, 21 de diciembre de 2010

“La expresión del silencio” (2ª entrega)



CH.: Supongo que la primera etapa es un poco la que viene a recoger el libro antes mencionado “El que parte y reparte”, ¿no?

C.: Efectivamente. En esa obra, que aparece en 1975, recogemos lo fundamental de nuestros dos primeros años de trabajo. Ya desde el principio partíamos de una cierta influencia del Equipo Crónica en cuanto al estilo gráfico, pero ahora había llegado el momento de utilizar ese mismo estilo en función de un determinado contenido. Y si se analiza el conjunto del libro, veremos que había dos objetivos bien definidos: en primer lugar, una corriente antiimperialista, que aún hoy tiene su sentido por la presión que los norteamericanos ejercen sobre España; y en segundo lugar, la necesidad de crear una historieta de transición entre los tebeos de clara apología del Régimen y las corrientes, que se presentaban entonces como novedosas, de un Esteban Maroto, un José María Beá o un Enric Sió.
            La literatura española había dado ese paso con el movimiento denominado “realismo social”, y de ese movimientos nos interesaba fundamentalmente Ignacio Aldecoa, pero también otros autores, como Isaac Montero, Grosso, Sanjuán, Vicent, Ferlosio, o Martín Santos, y algunos menos conocidos como De la Rosa o Vázquez Azpiri. Y el cine, con el invento del Nuevo Cine Español, había pasado también por ese período de transición: Patino, Berlanga, Picazo, Forn, Saura… y, el que para nosotros siempre ha sido modelo de bien hacer y bien contar, Mario Camus. Pero la historieta española había cambiado “El Capitán Trueno” o “Roberto Alcázar y Pedrín” por “Cinco por infinito” o “Delta 99”.
            Ese movimiento, por tanto, de realismo social en historieta, al que algunos han llegado tras la muerte de Franco, lo reflejamos en las historias de Julián Curtido, que puedes encontrar en “El que parte y reparte”, historias con diferentes protagonistas de la realidad social española, que únicamente tenían en común el nombre del personaje.

CH.: Habéis mencionado novelistas y directores de cine españoles, y, sin embargo, me consta que, en esa primera etapa de que estamos hablando, hay también influencias extranjeras.

C.: Eso por supuesto. El hecho de que hayamos citado españoles ha sido sólo por constatar el fenómeno que no se había producido en el campo de la historieta, pero la sombra literaria de Dos Passos, Hemingway, Greene, Capote, Benedetti, Otero Silva u Onetti planeaba sobre nuestros trabajos; o la cinematográfica de Francesco Rosi, Pontecorvo, Ruy Guerra, Wajda, Granier Deferre, Becker, Melvilla, o todo el “Free Cinema” en general… Aunque si tuviéramos que quedarnos con sólo los trabajos a los que, de modo más evidente, estábamos próximos, probablemente esos serían: los cuentos de Aldecoa, y las películas “Con el viento solano” de Camus, “Salvatore Giuliano” de Rosi, “Los fusiles” de Ruy Guerra y “La batalla de Argel” de Pontecorvo.

(Continuará)

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