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lunes, 20 de diciembre de 2010

“La expresión del silencio” (1ª entrega).

(Hacía finales de los años setenta, según creemos, porque la publicación carece de fecha, apareció “Chatarra. Revista mensual de complot y revancha”, que dirigía Valeria Ciompi, a la que habíamos conocido a través de Fernando Trueba en la redacción de “Papeles de Cine Casablanca”. En las páginas de su número 1, en el que había colaboraciones de Fernando Márquez, Jorge Fernández Guerra, Ignacio Fernández Bourgon, Ricardo Franco, Manolo Marinero, o Lourdes Ortiz, entre otros, se publicó una entrevista al equipo, poco conocida, pero que puede ayudar a quien siga este blog a hacerse una idea de lo que pensábamos en aquellos momentos, y de la que no hemos querido eliminar nada, aunque, afortunadamente, hoy no pensemos exactamente igual. Poco a poco, la iremos, pues, subiendo).



“La expresión del silencio”

En septiembre de 1973, prácticamente en las mismas fechas en que un golpe militar acababa en Chile con la vía democrática hacia el socialismo de Salvador Allende, se celebraba en Gijón, dentro del marco del VI Certamen Internacional de Cine para niños, el 1.er Concurso de Cómics. El equipo que componían Saturio Alonso y Felipe Hernández –al que, de modo casi inmediato vino a sumarse Pedro Arjona-, y que se ocultaba tras el seudónimo EL CUBRI, alcanzaba el segundo premio por su, hasta el momento, obra mayor: “Aventuras en el país de las maravillas”.



Una entrevista con EL CUBRI

C.: De todos modos, nosotros habíamos empezado a trabajar con anterioridad. El mismo nombre del grupo, por ejemplo, surgió en julio de ese año, cuando Carlo Frabetti, que dirigía una sección marginal en “Nuevo Fotogramas”, nos pidió colaboraciones que tuviesen que ver con el mundo del cine –era una página que también lanzó a Romeu-, y decidimos encontrar un nombre, con el que firmar esos trabajos, que estuviera en consonancia con sus características. Y, pensando, pensando, se nos ocurrió homenajear a Stanley Kubrick con una versión “sui generis” de su apellido.
            En cuanto a lo de Gijón, nosotros fuimos los primeros sorprendidos, ya que cualquiera que conozca ese trabajo, bien por su publicación en la revista “¡Bang!”, bien por la posterior inserción en nuestro libro “El que parte y reparte”, lo juzgará de cualquier modo, menos como un trabajo infantil. En él, mediante un montaje en paralelo, intentábamos hacer una lectura de la guerra del Vietnam como prolongación de la decisión norteamericana que había provocado el lanzamiento de una bomba atómica en Hiroshima.

CH.: Habéis mencionado la admiración por Kubrick, y eso quizá refuerza la idea que se tiene, desde vuestros primeros trabajos, del modo en que el cine os ha determinado.

C.: Mira, cuando nos introdujimos en el ambiente de la historieta española la situación no podía ser más deplorable. Había, sí, una crítica seria y rigurosa, la que, en torno al nunca suficientemente valorado Antonio Martín y su revista “¡Bang!”, agrupaba a gentes como Ludolfo Paramio, Jesús Cuadrado, Ignacio Fontes, Antonio Lara, Antonio Segarra, Carlo Frabetti o Pacho Fernández Larrondo… Pero el panorama de la práctica historietística era desolador. La mayoría de los grandes dibujantes permanecían, personal y profesionalmente, al margen de la realidad que el país vivía, y el “boom” de la historieta, del que empezaba ya a hablarse, presentaba en general un vacío absoluto de contenidos. En ese contexto, apariciones como la de Ventura y Nieto, Ops o Vallés suponían pequeños balones de oxígeno, pero, como ves, estamos hablando de excepciones.
            Por otra parte, los historietistas habían creado una especie de código a base de mirar a otros historietistas, y cualquier aportación nueva comprendimos que no podía tener ese único punto de partida. Y ahí estaba el cine, repleto de ideas enriquecedoras. Por eso, salvo algunos autores de tebeos, la mayoría de nuestras referencias son literarias y, fundamentalmente, cinematográficas. Eso ha supuesto que,  la hora de analizar las cuatro etapas bien diferenciadas por las que hemos atravesado, sepamos dónde estaban en cada momento nuestras líneas maestras.

(Continuará)

1 comentario:

  1. La entrevista en Chatarra se publicó en 1982. Sólo se edito ese número.

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